jueves, 5 de diciembre de 2013
LA NOCHE DE SAN BARTOLOMÉ.
Mercedes y Ana recorrían París. Era el 24 de agosto de 2000. Era una tarde tranquila y soleada. En agosto la capital de Francia vive el calor pleno del verano.
Juntas recorrían el barrio de Saint Germain des Pres. Allí se erige la iglesia más antigua de la ciudad.
Mercedes y Ana paseaban y se preguntaban qué historias se habían vivido en esas calles. Iban tan distendidas que no se dieron cuenta de que el cielo ennegrecía.
Las primeras gotas sobre sus cabezas las trajeron al presente. La lluvia las sorprendió en la puerta de la iglesia.
-Entremos- dijo Ana.
- No. Sigamos caminando- respondió Mercedes, sin saber por qué lo decía.
La cortina de agua era cada vez más gruesa; Ana tomó del brazo a su amiga y la metió en el templo.
No había nadie en el interior. Soplaba una brisa fresca que sacudía las llamas de las velas. El lugar era oscuro para Mercedes. Ana estaba a gusto.
De pronto, el ruido de un portazo. Mercedes se dio vuelta; tres hombres vestidos con ropas extrañas la miraban. Uno de ellos caminó hacia ella y la tomó de los cabellos.
- Feliz Día de San Bartolomé- le dijo, con los dientes apretados. Sacó un puñal de entre sus ropas y sin decir más nada se lo hundió en la garganta. Mercedes cayó al piso ensangrentada. Los otros dos compinches, de un salto, se le colocaron a los costados y clavaron sus cuchillos en el vientre de la mujer varias veces.
- Muerete, hugonote hereje.
Ana no entendía lo que pasaba. Veía a su compañera de paseo retorciéndose en el suelo, con un ataque de epilepsia.
- Mechi, Mechi ¿qué te pasa?.
La puerta se abrió sola y la luz penetró en la iglesia. Afuera llovía mucho.
La luz obró milagrosamente sobre Mercedes, que logró incorporarse de a poco, aunque el aire todavía le parecía espeso. Inmediatamente salieron del templo. Ana respiró hondo la brisa fresca.
El agua corría, límpída, de la vereda hacia la calle.
De pronto Mercedes vio que no era tan límpida. Era roja. Nuevamente toda la gente con ropas extrañas. Hombres corrían a hombres y mujeres. Los cuchillos rasgaban las pieles. Seguía lloviendo y el aire estaba más que espeso para Mercedes.
La mano de Ana en el hombro la sacudió y la sacó de su ensueño.
- Vamos a sentarnos. No estás bien todavía.-
El cielo comenzaba a despejarse. Mercedes volvió su cabeza hacia la iglesia y detuvo su vista en un cartel:
“Referencia histórica: Esta iglesia fue uno de los escenarios de lo que se conoció como la masacre de la noche de San Bartolomé, el 24 de agosto de 1572, cuando los partidarios católicos, apoyados por la reina Catalina de Medicis, asesinaron a más de 3000 calvinistas, conocidos como los Hugonotes”.
- ¿Vos crees en reencarnaciones y todas esas cosas?.
- Si... y yo soy Catalina de Medicis- respondió Ana, con una sonrisa socarrona que a Mercedes le pareció entre horrorosa y demoniaca.
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